LAS CUATRO ASESINAS BLANCAS...
Arranquemos por "el azúcar blanco":
Hace
varios años atrás, el ser humano utilizaba las frutas maduras, los
frutos secos o la miel para endulzar. Luego, los españoles introdujeron
en América el cultivo de la caña de azúcar y con el pasar del tiempo se
comenzó a endulzar con este producto. Lamentablemente la sustancia que
hoy conocemos como azúcar poco tiene que ver con el producto originario.
Se trata sólo de sacarosa totalmente refinada y sin ningún nutriente.
Según el técnico en dietética y nutrición natural, Néstor Palmetti,
"además de no beneficiar al organismo y no aportar ningún elemento
nutritivo y vital, resulta altamente dañoso. Es un verdadero peligro
para la salud pública, por ser fuente directa o indirecta de muchos
padecimientos modernos: caries dentales, acidificación de la sangre,
descalcificación, arteriosclerosis, infarto de miocardio, diabetes,
obesidad, acné, úlcera de estómago, colesterol, tensión nerviosa,
problemas de circulación, hiperexcitabilidad, degeneración hepática,
entre otras". O sea, una sustancia totalmente química y artificializada.
Según
el doctor Bruker, investigador alemán y autor de varios libros sobre la
salud, el azúcar blanco "es capaz de crear un estado de adicción del
mismo grado que el ocasionado por drogas como la nicotina, el alcohol y
el café. Existen estudios realizados en Estados Unidos que lo
demuestran, pero que no se han hecho públicos por motivos económicos".
Ahora es el turno de "las harinas blancas":
El
gran problema de las harinas refinadas no es sólo la eliminación de la
fibra, sino la pérdida de diversos nutrientes como por ejemplo:
vitaminas, minerales y enzimas. Lamentablemente todo no termina acá
porque se le suma la aditivación de blanqueadores y mejoradores químicos
para lograr un pan más esponjoso o una pasta más lisa. Además, cuando
consumimos demasiadas harinas refinadas, la insulina aumenta y las
grasas se transforman en energía. Todo esto tendrá efectos nocivos para
el organismo, puesto que el aumento de peso será importante, más todos
los problemas referentes al sistema circulatorio. A la larga acabaremos
creando una dependencia, pues el cuerpo nos va a pedir más harinas
refinadas.
Continuamos con "la leche vacuna":
Ya
van varias veces que escribo sobre el tema de los lácteos y las
consecuencias que trae el consumo excesivo. Para ser conciso y concreto
los lácteos aportan: grasa saturada, colesterol, la reactiva enzima XO
(que en estado natural degrada nuestros jugos gástricos), caseína
(alergénica y mucógena), aditivos, antibióticos, alto contenido de
hormonas sintéticas, azúcares indigeribles (lactosa), exceso de vitamina
D (20 veces más que la leche materna), una contribución a la
osteoporosis (contrariamente a lo que se cree), estimula la
permeabilidad de la mucosa intestinal, etc. Según Palmetti, la ingesta
regular y abundante de lácteos, genera entre otras cosas "tilde
inmunológico, desorden intestinal, mineral y hormonal, reacciones
alérgicas e inflamatorias, permeabilidad intestinal, colapso hepático y
renal, problemas respiratorios y circulatorios, gran aporte de mucosidad
congestiva, acidificación corporal, daños neurológicos y endócrinos,
estímulo tumoral, obnubilación mental, apatía y adicción, entre otros
problemas".
Por último, "la sal de mesa":
Está
científicamente comprobado que en los países donde el consumo de sodio
es alto, más elevada es la presión arterial media de los ciudadanos.
Esto conlleva a que los riesgos de padecer infartos de miocardio,
insuficiencias cardíacas, enfermedades renales e ictus cerebrales sean
más altos. La sal de mesa, primero sufre un proceso de refinación para
que llegue a nuestro hogar más "limpia y pura". Lamentablemente, lo
único que se logra es dejarla más blanca, a un bajo costo para la
industrias, ya que le agregan el cloruro de sodio ó cloruro sódico
siendo uno de los peores venenos para nosotros. Luego le añaden yodo y
flúor, ambos minerales tóxicos y reactivos.
En realidad lograr un cambio para mejorar la alimentación es más fácil de lo que uno cree:
1- El azúcar blanco lo reemplazamos por azúcar integral mascabo, miel, fructosa, stevia o yerba dulce.
2- La harina blanca, por harinas integrales.
3- La sal de mesa, por sal marina sin refinar o por condimentos varios para sazonar.
4- Los lácteos por leches vegetales, frutos secos, algas, verduras y frutas.





